Crisis de lactancia - Primera parte

04.06.2019

Se escucha mucho hablar de este concepto, tanto que cualquier cambio de comportamiento en relación a la teta que tenga tu bebé, seguro es asociado a una de estas famosas crisis.

Y esto tiene un costado cierto y otro no tanto.

Vamos a verlo...

En primer lugar, tal como lo dice Carlos González en varios de sus textos y libros, la crisis propiamente dicha la viven las mamás. No existe una crisis -entendida como un momento de sufrimiento- para el bebé, sino que empieza a pedir o a reaccionar en relación a lo que necesita.

Antes de explicar cada una de estas "crisis" bien vale recordar que el pecho funciona como una fábrica: a mayor demanda, mayor producción. El/La bebé funcionan como jefes de esa fábrica, y son quienes controlan al final de cuentas la producción láctea.

Vamos a ubicar algunos de estos brotes de crecimiento -como nos gusta llamarlo a nosotras- en determinados momentos etarios de tu bebé. Pero tenés que saber que es una clasificación general y que como tal, deja afuera las millones de variables posibles.

Porque como ya sabemos, cada bebé tiene sus propios tiempos.

  • 2 a 3 semanas: ¿Qué es lo que vas a notar? Tu bebé empieza a tener necesidades nutricionales más grandes, simplemente porque está creciendo y todo su cuerpo requiere más cantidad de energía y nutrientes. Empiezan a pedir muy seguido -¡Si, aún más que antes!- o simplemente quieren estar todo el día en la teta. Todo esto lo hacen sabiamente para que la producción aumente.

¿Cómo suelen leerlo las mamás? Piensan que su leche ya no los llena, y como suele coincidir con que los pechos ya no se sienten tan cargados como antes, todo parece tener sentido.

Dura aproximadamente dos o tres días y luego la demanda baja (un poco). Es clave contar con ayuda del círculo cercano, porque pueden ser días muy intensos.


  • 3 meses: Suele ser la más extensa y recordada por casi todas las mujeres. Quizás la de las 2 / 3 semanas pasó desapercibida entre tanta demanda natural del bebé, pero a los tres meses la situación ya es otra. Estadísticamente, es el momento en el que suelen aparecer las mamaderas con fórmula como una aparente solución mágica.


¿Qué es lo que vas a notar? Tu bebé puede pasar de tomar media hora sin parar a estar solo cinco minutos en la teta, a veces piden de mamar con menor frecuencia que antes, y pueden mostrarse irritables en el pecho. Las mamás pueden notar que se "enojan con la teta", la sueltan y la vuelven a agarrar varias veces en una misma toma. Puede llorar de pronto y luego prenderse con voracidad.

¿Cómo suelen leerlo las mamás? A veces coincide con un enlentecimiento en los gramos que aumenta por mes (por ejemplo, venía aumentando 800 gs y ahora "solo" aumenta 500), lo que puede estar acompañado de menos pañales sucios por día. Entonces se interpreta como que el bebé no está comiendo lo suficiente.

Pero en realidad lo que sucede es lo siguiente: Tu bebé ya es un experto sacando leche del pecho, lo que antes le tomaba más tiempo ahora lo hace en unos minutos, Digamos que tuvo tres meses de perfeccionamiento.

Además, a nivel cerebral, sus conexiones neuronales le permiten estar atentos a un montón de estímulos del afuera que antes pasaban desapercibidos. Entonces tu bebé puede distraerse con cualquier ruido o movimiento.

Por otro lado, el cuerpo también fué aprendiendo y ahora es un experto en producción, y la leche fabrica en el momento en que tu bebé mama. Todo muy lindo, pero a tu peque que estaba acostumbrado a tener el plato servido ni bien llegaba a la mesa, no le parece divertido tener que esperar alrededor de dos minutos para que empiece a salir leche en grandes cantidades. Y entonces se queja del servicio de mesa, de la única manera que sabe hacerlo: llorando.

¿Qué podemos hacer? Paciencia, paciencia y más paciencia. Repetir como un mantra: "Hoy no es siempre" "No me estoy quedando sin leche" "Mi leche lo llena" "Esto también pasará".

Como decimos siempre, saberlo no nos hace evitar que sucedan, pero nos permite atravesarlas con información y sin dudar de nuestra capacidad de amamantar, o del estado de salud de nuestros/as bebés.