El papel fundamental del juego en la infancia

23.04.2018

Todos sabemos que niños y niñas juegan y que esta es una actividad que disfrutan enormemente. Pero no siempre conocemos la importancia central que tiene el juego en la infancia.
Me interesa transmitirles algunas ideas básicas de cómo los psicoanalistas entendemos el juego, para que podamos valorar en profundidad a esta actividad en la que - idealmente - los niños se embarcan a diario y a la que dedican largas horas del día.

En principio tendríamos que aclarar que no todos los niños juegan. El juego y el deseo de jugar no están garantizados siempre en la infancia, ya que no se producen de manera espontánea, ni tampoco son innatos o hereditarios. Eso que les suponemos a todos los niños y niñas, no siempre ocurre. Y cuando nos enfrentamos a la ausencia de juego es siempre una señal de que algo anda mal (muy mal).

¿Por qué es tan grave que un niño o niña no juegue?
Porque el juego tiene, entre otras funciones, una que es fundamental para la infancia: prepararse para el futuro. Freud decía que el juego de los niños está dirigido por el deseo de ser grande y adulto. El juego le permite esta "preparación", en la cual el niño "inserta las cosas de su mundo en un nuevo orden".
En este nuevo orden los niños pueden jugar a que son papá, mamá, la mascota, la maestra, el vendedor, y hacer con sus juguetes (u otras personas que se presten) aquello que ellos han experimentado pasivamente. Es decir, que transforman eso que han vivido de manera pasiva, en algo activo. Por ejemplo: una consulta médica es vivida de manera pasiva, el niño o niña es revisado, un extraño y sus instrumentos tocan su cuerpo, se lo pesa, se lo mide, se habla de él. Pero si más tarde "jugamos a la doctora" allí el niño puede invertir los papeles y quizás ser él quien examine o de las indicaciones.

Los niños juegan, y así van procesando el mundo que los rodea. Ese mundo tan caótico e inentendible por momentos, regido por leyes que ellos no siempre alcanzan a comprender.
En el juego, además, el niño puede volver a experimentar aquello vivido pero sin correr verdaderos riesgos. Los niños diferencian muy bien juego de realidad, saben perfectamente que "esto es sólo un juego", lo que les permite aventurarse sin miedos en nuevos escenarios. Prueban distintas opciones (ahora soy la mamá, ahora soy la hija, ahora soy el monstruo), y distintas respuestas.
Es así como jugando elaboran la realidad, la procesan, y la vuelven propia.