Psi para todos: Infancias

09.04.2018

Quisiera contarles la historia de una foto que me conmueve desde hace años, y a la que vuelvo una y otra vez cada vez que pienso en la infancia y sus marcas.

En ella aparece retratada una niña de 9 años: maquillada, con uñas postizas, fumando y mirando decididamente a la cámara. Detrás, su prima en una pileta.
La foto data de 1990 y fue tomada por la fotógrafa estadounidense Mary Ellen Mark, quien fue enviada por una revista a Carolina Del Norte, para hacer fotos en una escuela de niños "problemáticos".

Al día de hoy, esa foto en particular perturba y llena de preguntas a cualquiera que se tope con ella. ¿Por qué una niña estaba fumando? ¿Por qué estaba arreglada como una adulta? ¿Cómo continuó su vida?

En el año 2015, y con ocasión de la muerte de la fotógrafa, un periodista encuentra a Amanda - la niña retratada - y decide entrevistarla.
Amanda, convertida en mujer de 34 años, dice recordar con precisión la sesión de fotos: "Nunca en mi vida lo he olvidado". Nos cuenta entonces que ella creía que esas fotos podrían ser una salvación, una manera de resolver su vida. Al hacerlas pensaba que quizás alguien las vería y decidiría rescatarla. "Pero no fue así", aclara.

¿De qué había que rescatarla? ¿Por qué una niña de 9 años estaría tan desesperada por dejar la vida que llevaba?

En la entrevista Amanda reconoce haber sido "una niña salvaje", pero nos explica que "sólo estaba copiando a los adultos que conocía". Recuerda que vivía en un complejo de viviendas de bajos recursos apodado "Sin City" ("La ciudad del pecado") y que todos a su alrededor eran adictos a las drogas.
A los 9 años, Amanda empezó a fumar. Dos años después de la foto, a los 11, estuvo en un orfanato y luego vivió en hogares. A los 16 se volvió adicta a drogas más duras.
Actualmente, la misma Amanda reconoce que su vida es todavía tumultuosa. Estuvo presa y afirma que sigue "rodeada de gente loca y de drogas".
La entrevista finaliza con un deseo suyo: dice que le gustaría volver a hablar con la fotógrafa porque se la imagina "feliz al saber que logré llegar tan lejos".

De todas las preguntas que podemos hacernos al mirar la foto sin conocer la historia, sin dudas la que más me interpela es la relacionada al futuro.

Desde el psicoanálisis, la infancia es entendida como un "tiempo lógico", donde lo que se vivencia y la forma en que lidiamos con ello, deja profundas marcas que determinarán gran parte de lo que seremos. No da lo mismo si fuimos amados, cuidados, respetados, educados que si nos olvidaron, no nos quisieron, nos maltrataron, nos abusaron.

Freud planteaba que uno de los deseos que anima a todo niño es "ser grande y adulto", y que a eso apuntaban sus juegos, en ellos escenifica "lo que le ha devenido familiar de la vida de los mayores". Podríamos preguntarnos, para cada niño o niña, ¿quiénes son los adultos que los rodean? ¿Qué vidas llevan? ¿Cómo tratan a las personas que tienen a su cargo?

Volviendo a la fotografía y a la historia que Amanda nos relata, encontramos que ella jugaba a ser como esos adultos a su alrededor. Pero a la vez, deseaba que alguien la rescatase de esa vida que llevaba. Es decir, imitaba lo único que conocía pero intuía que existían otras maneras de vivir.

Por eso es que, desde este y tantos otros espacios, insistimos tanto en el cuidado y respeto para los niños y niñas que tenemos cerca nuestro. Porque lo que se vive en la infancia deja profundas huellas, y a veces es muy difícil construir un camino diferente al delimitado por ellas.

Hasta la próxima,
Ileana.


Amanda and Her Cousin Amy, Valdese, North Carolina, USA, 1990 (de la serie "Streets of the Lost"). 

Por: Mary Ellen Mark.