Visitas a una mujer puérpera y su recién nacido

17.04.2018

La madre reciente se convierte en anfitriona a las horas de haber tenido a su bebé, ofrece mate y café a cercanos y no tanto, cuenta seis veces la misma historia y responde las mismas preguntas de distintos interlocutores.
Abre la puerta de su intimidad a personas que en muchos casos volverán a ver al bebé recién cuando cumpla un año.

Las visitas en este tiempo deberían estar reducidas únicamente a la gente que la mamá sienta más cercana.
Y si, la mamá.
Porque es ella quien atravesó por un parto o una cesárea. Es su cuerpo el que está partido, abierto y cosido. Son sus hormonas las que están en una revolución para tratar de compensar todo lo que hasta hace días existía dentro suyo y ya no. Son sus pechos los que gotean porque están produciendo leche de manera excesiva hasta que el bebé les indique cuánto es lo necesario. Es su panza la que aún se ve y se siente como si tuviera un bebé dentro, son sus órganos los que se están re-acomodando después de meses de estar aplastados por un útero en constante crecimiento. Es su pelo el que después de no caerse durante nueve meses se está cayendo todo junto. Son sus piernas las que siguen hinchadas como en el último trimestre del embarazo, pero que ya no tienen la posibilidad de estar en reposo. Es su mente la que se encuentra dividida entre lo que reclama constantemente su bebé y lo que su propio cuerpo necesita y no tendrá -al menos en lo inmediato-. Es ella toda entera la que está poniéndole el cuerpo minuto a minuto a esta nueva situación que no se parece en nada a lo que había imaginado durante meses.

Por eso si vas a visitar a una mujer puérpera y a conocer a su bebé mejor no lleves facturas para la tarde, llevale una tarta o una porción de milanesas con puré para que pueda calentarse al día siguiente. Por favor, no vayas con la idea de pasar la tarde con el bebé recién nacido, andá un ratito pequeño a saludarla y respetá a la madre si quiere tenerlo a upa durante toda tu visita: han estado unidos nueve meses, ¿por qué esperar que quiera entregarlo a otros brazos en seguida?

No lleves a tus hijos pequeños, aunque te parezca linda la foto de ellos al lado del bebé recién llegado, mejor esperar. Hay tiempo para construir recuerdos de ambas infancias en conjunto.
Si la mamá tiene otros niños, ofrecete para llevarlos a la plaza o a pasear un rato a algún lugar que le guste. Es importante que tengan sus momentos de protagonismo también.

Si querés ayudar, cuando llegues y hayas conocido al bebé, andá directamente a la cocina a lavar los platos, a tender la ropa mojada que la mamá aún no pudo sacar del lavarropas, a barrer, a preparar la comida para la noche. No le preguntes, porque te va a decir que no es necesario. Hacélo. Si la mamá quiere, ofrecéle tus brazos para sostener al bebé mientras ella se baña, hace pis o descansa un rato.

No le preguntes por qué hace las cosas de tal o cuál modo, no le hables de lo que vos harías en esos casos a menos que te pregunte, no etiquetes al bebé con palabras que le quedan enormes: mañoso, llorón, inquieto, santo...
Escuchala si quiere hablar, sostenela si quiere llorar, habilitala a decir lo que está sintiendo sin juzgarla.
Alcanzale algo para tomar mientras amamanta y sobre todo hacela sentir acompañada.